Barceyoga: Aterrizajes, finales y nuevos comienzos.

Este blog empieza con el final de un viaje y, sin deshacer maletas, el inicio de uno más corto que me ha servido para aterrizar y volver a casa.

Planifiqué mi vuelta de Sierra Leona para poder acudir a la Barcelona Yoga Conference, para la que tenía una beca y no me podía perder. Si el domingo por la noche llegaba a Valencia después de 24 horas de viaje, el miércoles por la mañana ya estaba en un tren dirección Barcelona con mi esterilla al hombro y todavía mucho sueño, pero muy ilusionada por pasar unos días dedicados a una de mis pasiones.

A través de la página de Facebook de la Barcelona Yoga Conference (BYC), conocí a Katy, una chica alemana que lleva muchos años viviendo en Barcelona y que ofrecía una habitación en su casa. Además de que Katy tiene un piso bonito y es una anfitriona encantadora, es profesora de yoga. Así que mi viaje a la Barcelona yoguini comenzó con una clase delante del mar en la playa Bogatell en Poblenou.

Kathie

En un parque al lado del paseo marítimo nos refugiamos del viento y Katy nos guio por una secuencia muy suave de Vinyasa Yoga que me ayudó a desentumecer y estirar los músculos de la espalda y las piernas después de tanto cambio y viaje. De fondo teníamos los sonidos de la ciudad, pero el grupo se mantuvo concentrado y en calma, disfrutando de esta sesión de yoga al aire libre y muy cerquita del mar.

Con este gran comienzo, el viaje no podía seguir de otra forma: la Barcelona Yoga Conference es un evento anual preparado con mucho cariño por tres hermanos al que vienen profesores de todo el mundo y alumnos de muchísimos países. Hay tantas nacionalidades que, sin darte cuenta le acabas hablando en inglés a una almeriense o en español a un ruso. Y el programa es espectacular: muchísimos tipos de yoga diferentes, música, masajes, bailes, tiendas, comida, espacio para niños…

 

En esta entrada solamente quería hablar de las sensaciones, del llegar a una clase, poner tu esterilla, hablar con la persona que está a tu lado y descubrir que ha venido desde Japón para hacer yoga en Barcelona, o que es de Grecia pero vive viajando. El poder estar delante de profesores con muchísima experiencia que van a inspirar a las personas con las que se encuentran, que quieren darte a conocer aspectos de la anatomía del yoga que han ido descubriendo a través de su trabajo y práctica personal, que quieren ser como piedras que caen en el agua y dejan ondas que van creciendo y creciendo.

BYC

Un crêpe de mozzarella y pesto al atardecer, una siesta bajo la sombra de un pino, la sensación agradable en la espalda cuando te cuelgas boca abajo en el yoga aéreo y, sobre todo, la capacidad del yoga de devolverte a tu centro y tu conciencia cuando todo está en movimiento a tu alrededor.

No he podido tener mejor aterrizaje, y ahora, mientras deshago maletas y pongo lavadoras sólo puedo pensar en todas las cosas que me quedan por contaros, porque esto no ha hecho más que comenzar.

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